Criticar por criticar

Cuando comencé este blog hace unos años, mis entradas favoritas (entre otras) eran aquellas en las que comentaba las alfombras rojas de entregas de premios y demás eventos de alto copete. Mis favoritas y las de aquellos que me leían, porque siempre eran las que más visitas y más comentarios tenían. Me dedicaba, en mi tiernos 19/20 años, a juzgar si mujeres adultas que se habían ganado (de la manera que fuera) una invitación a unos premios que movían a medio planeta habían escogido bien o no su atuendo.


Lo hacía con cierto humor e ironía porque soy esa clase de persona. Algunos me preguntaban por redes sociales si iba a seguir tal o cual evento. 
Sinceramente, era divertido.

Ayer fueron los premios Emmys, edición 67, nada más y nada menos. Como correspondía a unos premios de la televisión, fue cubierta por twitter por la mayoría de los medios online sobre televisión que sigo. Entre ellos también estaba, por supuesto, Recap Blog. Todo esto es muy obvio, ¿verdad? Pasemos al tema que nos ocupa y que me ha machacado la mente toda la noche de ayer (incluso tardé en dormirme) y todo el día de hoy:

El critiqueo.Algunos de mis medios de referencia mostraron desde el mismísimo principio de la alfombra roja unas ganas terribles de criticar. Le pedí a la persona que twitteaba desde mi web que no hiciera esa clase de comentarios juzgones y malintencionados.
Fue terrible darme cuenta de lo mucho que lo detestaba y de lo bien que me lo pasaba cuando lo hacía en este blog del que tan orgullosa estoy.
Criticamos sin darnos cuenta. Incluso sin mala intención.
Que si esta no sonríe, que si a esta le sobra el dinero pero no el estilo, que si las tetas de tal, que si que si esta otra no tiene originalidad, que si este pelo...
Es curioso porque no sé si se plantea en la mente la pregunta imprescindible de si se merecen estas críticas... ¿Solo por ser personajes públicos? Supongo que a todos nos critican, todos criticamos, pero ¿a quién le gusta?


Supongo que cuando nos reímos de las alfombras rojas de manera pública no somos conscientes de la humanidad de esas personas. Y no nos culpo, en muchos otros momentos también nos hacen sentir como que no son humanos: cuando tienen cientos de años y parecen más jóvenes que yo, que tengo 22, por ejemplo. También cuando son perfectamente adorables. Cuando nos hacen volar a otros mundo a través de sus papeles, de su música, de su arte... 
¿No es más fácil encontrar las cosas positivas que las negativas? ¿No es más fácil animar que desanimar? Aunque sea gente que probablemente nunca escuchará tu opinión en concreto. No la leerá (casi seguro) nunca jamás de los jamases. Pero, ¿pensamos realmente a cuántas personas afectan nuestras críticas? ¿Queremos realmente influir en la vida de otros de esta manera?

xx




 

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