Tristeza por aburrimiento

Pienso mucho en esto como concepto. Porque, quieras que no, pienso mucho. Pienso tanto que a veces creo que pienso demasiado, aunque en realidad lo que quiero decir es que pienso demasiado en cosas que no valen para nada.

Kyle Thompson

El otro día discutiendo con una amiga sobre qué es ser feliz y lo rara que es la vida en este momento de transición llegamos a la conclusión de que nadie nos habla de qué es "lo normal". Qué sentimientos es normal sentir.
Nadie nos da esa tranquilidad de saber que todos a los veintidós años, con la carrera recién acabada o casi acabada, estamos perdidos. No, perdidos no, perdidísimos.
Nadie nos hace ver que todo el mundo está triste a veces o que todo el mundo duda sobre si ha escogido bien o no. Que todo el mundo tiene vergüenza o que todo el mundo se esfuerza mucho en ser feliz antes de serlo.
Y con cosas menos importantes igual: nadie nos dice que es normal sentir atracción por este o por aquella o que es normal aburrirse estudiando. ¡Hasta los que sacan buenas notas se aburren estudiando, me cuentan!
Pero seguimos encaramados a esa frase de que "somos demasiado jóvenes para estar tan tristes"... Siempre me he sentido muy identificado con ella y, a pesar de todas las veces que he escrito aquí o en Rozando la Indecisión sobre el tema, que he hablado de ello con otros, jóvenes y mayores, que he leído de ello en revistas... Nunca he recibido de vuelta un "es normal". "Todos nos sentimos así alguna vez". "No es tu generación, es la edad". "No eres un bicho raro".
Qué tontería que, después de toda una vida intentando distinguirme, sea tan importante para mí no sentirme rara o fuera de lugar cuando se trata de mis sentimientos.
Pero es que sé que no soy la única y el tiempo de cambios hormonales ya ha quedado suficientemente atrás como para echarle la culpa a eso.
¿Somos demasiado jóvenes para estar tan tristes o tenemos la edad adecuada?

Dandole vueltas de nuevo a este tema el otro día -la verdad es que cuando cojo algo no lo suelto- pensé que, quizás, estamos tristes porque nos aburrimos. Y todo tuvo tanto sentido... encajó de una manera tan natural que pensé que tenía que escribir sobre ello.
Pero no en Rozando la Indecisión. Aquí. En mi blog de moda. En mi bitácora, que es lo que quiero que sea VM: una muestra de quién soy. Quizás Rozando la Indecisión es más una muestra de quién era (y estoy orgullosa de ello).

Con veintidós años (o diecinueve, veinte, veintiuno, veintitrés, veintilosquesean...) estamos en un momento de incertidumbre. Al menos la mayoría de nosotros. No sabemos qué hacer, o en qué gastar nuestro tiempo. A veces incluso cuando estamos tan ocupados como para no pensar en estas cosas, en las noches de tranquilidad la duda nos asalta: ¿estoy haciendo esto por mí o porque es lo que "debería" hacer?
Muchas veces lo que no estamos haciendo nos aburre. Lo que hacemos nos aburre. Lo que deberíamos hacer nos aburre.
Es normal: no estamos motivados.
La sociedad no nos ha motivado para encontrar lo que nos guste sino aquello en lo que somos productivos. Pero hay tanta gente que es mucho mejor que tú... Tan pocas posibilidades que tener éxito en esa pequeña tontería con la que te pasas las horas muertas...
Así que nos dejamos llevar por lo establecido, lo que deberíamos hacer, lo que nuestros padres quieren que hagamos, lo que nuestros profesores nos recomendaron que intentáramos.
Pero nadie sabe en realidad qué queremos y, quizás, solo quizás, esperar que llegue una persona mágica que lo sepa todo -incluido eso de nosotros que ni siquiera nosotros sabemos- es un poco injusto. Para todos.

Estamos tristes por aburrimiento porque no hacemos lo que queremos hacer, porque ni siquiera sabemos lo que queremos hacer.
Nos damos al alcohol para olvidar y dicen que los jóvenes de hoy en día beben demasiado... No sé ni qué jóvenes ni qué mayores conocen esos expertos... Desde luego no los mismos que yo conozco.

Es normal estar perdido.
Es normal sentirse solo rodeado de gente.
Es normal estar triste cuando "lo tienes todo".
Es normal sentir el peso de nadie -o todos- presionándote.

Somos normales, ¿sabéis? Pero nadie nos lo dice para que sigamos esforzándonos más y más para llegar a ningún sitio.
Parémonos a pensar: ¿a dónde quiero llegar?
A veces la respuesta es tan simple y tan complicada como "a sonreír y sentirlo de verdad". Por ahí se empieza.

xx

 

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